Participa y gana: Concurso U2 en U2fanlife

Primer Premio: 2 singles de U2 (In god’s country -vinilo 7- y Stuck in A Moment You Can’t Get Out Of -CD-) + publicación de la mejor pregunta a Bono en el blog
Premio de consolación: Las 10 mejores preguntas realizadas a Bono serán publicadas en U2fanlife Magazine

Vogue: En la carretera con U2 (II)

Continuamos con el articulo de Vogue “En la carretera con U2″, después del primer capitulo “Vogue: En la carretera con U2 (I)“. en esta segunda parte vamos a conocer un poco mejor a Adam, a Larry, a Paul Mcguinness y a B.P. Fallon

Vogue: En la carretera con U2 (II)

Tim, el hombre de seguridad de Bono, se acerca con una bolsa de terciopelo negro, un regalo de un fan. Bono deja su vaso y saca un anillo de plata, una amplia alianza retorcida con un solo diamante, a la palma de su mano. Una tarjeta impresa dice: “Esta singular alianza es una re-creación del anillo de bodas que Catherina von Bora dio a Martin Luther para conmemorar su boda.” Él lo desliza casualmente en su dedo meñique.

Es hora de ponerse serios. Es hora de jugar al billar. U2 es la única banda verdaderamente democrática: Bono, The Edge, Larry, Adam y su manager, Paul McGuinness, cada uno obtiene una quinta parte del dinero. “Me tomó años”, me dijo McGuinness, “saber que no estábamos haciéndolo de la misma manera que otras bandas.”

U2 se encontró con el ex estudiante de filosofía del Trinity y técnico de cine en 1976. McGuinness no es un músico frustrado, sino directamente, con buenos fundamentos, un miembro del Consejo de las Artes de Dublín, un agente de negocios con instintos y con una dura disposición humorística. Debido a su buena gestión, a U2 le pertenecen sus grabaciones, sus licencias y su catálogo, y se niegan al patrocinio.

Chris Blackwell, les ficho en 1980 para Island, ahora propiedad de PolyGram, y los próximos seis años los pasaron en tours agotadores: “forma-caracter”. En una década de estilo paranoia, U2 llegó a ser considerado la piedra angular.

“La fuerza y la durabilidad de una banda de cuatro persona es enorme”, dijo Paul McGuinness. “Este es un grupo social coherente, muy brillante, y culturalmente ambicioso. Y cada miembro de U2 tiene a otros tres miembros que le critican por la mañana, al mediodía y por la noche.”

Al día siguiente, me paseo de camino a Foxboro con Larry Mullen Jr, el más grande batería de la tierra ( “esta conversación ha dejado el planeta”) y con Adam Clayton, bajista de carácter, el más hedonista de los cuatro (”En Estados Unidos puedes tener lo que quieras, pero Europa es más sofisticada”). Ambos están vestidos como marines, Larry con chaleco de cuero negro y vestimenta de combate, Adam más teatral, como un naufrago del Pacífico Sur, con un traje amarillo y botas.

Acaban de salir de una reunión privada. “Jodete si puedo recordar de lo que trataba”, dice Adam - un duro, atractivo rostro, con rubios rizos. Adam pasó su infancia en estaciones de la RAF. Fuera de la escuela, organizó los primeros conciertos de la banda. Él no es lo que tu esperas. Explora el “New York Review of Books” para conocer la puntuación de los libros que leerá en vacaciones. Tiene una casa georgiana en las montañas de Dublín y vive solo. Se vuelve y recuerda, “¡Oh si! ¡Se trata de cómo podríamos conseguir algo de tiempo libre!”

Larry vive con su novia desde los quince años en una casa moderna en Howth. Le gustan las embarcaciones y las motos. En la carpa de hospitalidad tiene dos negras Harley-Davidsons para seguir al jet de MGM de concierto en concierto junto con su guardaespaldas y el rey de las artes marciales David Guyer. “A los treinta, tienes que aflojar. Después de diez años salvando a las ballenas es como, olvida la ballena, ¡recuerda la cuenta bancaria!”

Esto es en parte increíble. U2 es una banda de rock moral, con la que me reuní hace tan sólo tres meses en una protesta contra la radioactividad en la playa de Sellafield. Adam muestra una irónica sonrisa. “El mensaje, es un poco una falacia. Como si nos sentamos en una mesa y estamos de acuerdo. Lo que pasa es que estamos de acuerdo sobre la música, y eso tira de nosotros”.

En el estadio, los cuatro músicos van al escenario para el Soundcheck. “Estamos probando una pista ahora”, dice Bono. “¿Se saldrá la rueda cuando toques la chicane?”

En el extremo del espectro del rock desde la mente de Ellen Darst, esta la mentalidad de disc jockey y gurú de BP. En la parte trasera de la carpa de hospitalidad, Bernard Patrick Fallon, corazón de la mafia irlandesa recogida en torno a esta rodaja de sonido de Dublín, se refugia en su remolque. Su trabajo es sentarse en un Trabant, las noches de concierto, y crear el show tipo discoteca para que la audiencia eleve su nivel emocional para cuando llegue U2.

B.P. es un amable, menudo brujo en pantalones rojos y botas de vaquero, con collares de huesos, con gafas y pendientes. Bono le describe como: “Ampleforth. Expulsado por haber tenido relaciones sexuales con una doncella. Una criatura del rock ‘n’ roll”. B.P. También aparece entre los teloneros para llamar la atención sobre la proximidad de las elecciones americanas, diciendo cosas como, “Si Dios nos hubiera dado la intención de voto, nos habría dado un candidato.”

“He estado en este juego durante cientos de años”, me dijo. “Yo sé que U2 pueden ser la más rara de las cosas. Ellos son enormes, pero en vez diluirse, son cada vez más,sabios comunicando. Están siempre en la gran montaña, música Arturica, el gran puño en la espada. Ahora es’ Vamos a verte con brío”. Y ellos están disfrutando más que nunca. “

Continua en Vogue: En la carretera con U2 (III)…

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